Hace un tiempo, a finales de la temporada pasada, todos los medios informativos abrían espacio con la posible boda de Alonso con la pavisosi esta del Sueño de Morfeo. El sueño hecho realidad de los creadores del tomate: intoxicar a la opinión pública con sus gilipolleces.

Sin embargo, Antonio Lobato, figura asociada a la F1 desde hace años y probablemente por lo que le queda de vida profesional desmentía rumores: no se ha casado. Y claro, el tío no lo decía por echarse el pegote. Lo decía con conocimiento de causa: el que se ha casado con Alonso es él. Y con él, toda Telecinco.

Este año estamos viviendo una temporada lamentable en cuanto a las retransmisiones por parte de Telecinco. La animadversión de la cadena, refelejada en los comentarios de Lobato y cía (el gordito), hacia todo lo que no sea Alonso es tal que está motivando comentarios bastante fuera de tono y metidas de pata por doquier.

Claro que todo hay que entenderlo: PASTA. Si no fuera por Alonso la F1 no se seguiría nada en España. Sin afición por la F1, Telecinco se comería las retransmisiones con patatas. Por lo tanto, y siendo un poco simplista: Alonso = PASTA para todos. Y claro, no es plan de despotricar contra el que te está dando de comer. Verdad Lobato?.

Así pues, Lobato no tiene la culpa de nada. Es un adorapíldoras que estaba en el sitio correcto en el momento adecuado. Un periodista del tres al cuarto que tuvo la flor de empatizar con un chaval que se llamaba Fernando y que iba a correr en una cosa que se llamaba F1. Y así, poco a poco, el calvito se convirtió en un tuerto en el país de los ciegos.  Hay que reconocer su mérito, no obstante. El esfuerzo por convertir las carreras de los primeros años de Alonso en lecciones didácticas para el nuevo aficionado estuvieron muy bien. Pero a día de hoy, varios años después, hay muchos que nos cuestionamos sobre si Lobato y el gordito tienen puta idea de lo que hablan.

Ahora dice el consorte de Alonso que se va de McLaren. El niño convertido a piloto, el piloto convertido a superego ha pinchado en hueso. Y vaya hueso. Lewis Hamilton es, a mi juicio, uno de los mejores pilotos que he visto nunca. Y no es que haya visto muchos, ojo. Pero puedo elegir entre los Hakkinen, Villeneuve, Schumacher, Coulthard, Barrichelo, Raikkonen, Alonso. El debate está en la calle: ¿es mejor Hamilton que Alonso?. Pues ni idea. Supongo que para eso se corre en un campeonato, para el que sea mejor gane ¿no?. Pero la premisa de Telecinco es Alonso, Alonso, Alonso. Y todo lo que no empiece por Al- y acabe en -onso no entra en sus planes. Hay que vender camisetas.

“El ambiente está enrarecido en McLaren” – dice Lobato. No me jodas macho. El ambiente de la F1 es raro de cojones. Lo que prima es la pasta por encima de cualquier otra cosa. Y lo que ocurre es que los medios españoles en general ven una pérdida económica en un Alonso segundón, y Hamilton le está ganando con todo mérito, le pese a quien le pese. Hamilton no ha cometido un solo fallo en las carreras disputadas hasta ahora. ¿Puede decir lo mismo Alonso?. Creo que no. En este momento lo que vende es que a Fernando lo están tratando peor que a su compañero, porque es inglés. Claro.

El superego de Alonso se está revelando. Y es normal, nunca había tenido Alonso un tío que fuera como mínimo tan bueno como él. Además, ahora el coche no pone la diferencia: corren con el mismo. Ahora lo que importan son las manos y la gestión de la presión. Y Alonso está gestionando la presión de la peor manera posible: quejándose de trato discriminatorio. Como un crío pequeño que llora porque piensa que su mami no le quiere tanto como a su hermano pequeño. Soberbio y estúpido. Sin reconocer sus propios errores.

Pero los medios en España le siguen dando bola al tema. Vuelvo a repetir: es lo que interesa. Y el superego de Alonso va creciendo cada día, a la par que su pilotaje va perdiendo calidad. Un día el ego será tal que no podrá entrar en el cockpit. Pero la culpa será de otros, que no le dejan ganar, el verdadero sentimiento que los españoles arrastramos desde tiempos inmemoriales vuelve a escena. As always.

Chau