Ni que sí ni que no
Paris, La France
Oh la la. Mi primer post en todo un mes. De verdad Kesher no sé cómo has podido soportarlo. Pobre. En cualquier caso, aquí estoy. Y para empezar la temporada nada mejor que contaros el viaje a la ciudad más bonita ever seen. Paris.
Supongo que la gente que no haya estado nunca ya sabrá el topicazo de que París es muy bonita. Pues es que es verdad, para qué engañarnos. Con una capital así no me extraña que los franceses se lo tengan tan creído. Impresionante.
Hace un par de semanas salí con H rumbo París desde Valencia. El viaje en avión desde allí es corto, apenas 2 horas, y en el aeropuerto al que llegamos, Charles de Gaulle, todo está bastante bien indicado. Los dos principales aeropuertos de París, Charles de Gaulle y Orly, están bastante alejados de la ciudad (CDG unos 30 kilómetros). Sin embargo, una excelente red de tren y metro que recorre toda la ciudad hace que el viajero no encuentre mayores complicaciones. Nuestro hotel en concreto estaba en el barrio de Montparnasse, al sur de la ciudad, y en apenas 50 minutos te puedes colocar allí desde el aeropuerto.
París es ante todo grande. Muy grande. Y esta magnitud hace que a pesar de los cientos de miles de turistas que hay por sus calles, nunca dé la sensación de que hay aglomeraciones o atascos. Además, París tiene dos caras. Una por el día, con calorcito al sol y fresquito a la sombra, con sus jardines, el ruido de la gente, sus monumentos… Pero por la noche hay otro. Un París perfectamente iluminado que resalta las líneas simétricas y agradables que se intuyen en la penumbra. Un París majestuoso.
Se podría decir que para ver París haría falta una vida, pero nosotros nos tuvimos que conformar con 4 días que dieron para bastante. A pesar de que el metro es una herramienta muy útil para moverse por la ciudad, mi recomendación es usarlo lo estrictamente necesario. Y es que uno de los grandes placeres de París es moverse por sus calles.
¿Qué se puede hacer en 4 días?. Yo recomiendo ir primero a los lugares más importantes de la ciudad. Nuestra primera jornada abarcó el museo del Louvre, con una visita express de apenas 4 horas, un recorrido a pie por las El Jardín de las Tullerías hasta el Obelisco de la Plaza de la Concordia. De ahí hasta la Iglesia de la Madeleine y luego una subida (bastante larga, por cierto) por los Campos Elíseos hasta el espectacular Arco del Triunfo. Una zona bastante espectacular de la ciudad por su arquitectura tan vanguardista es la Defense. Un barrio con grandes edificios acristalados de oficinas y un gran arco llamado Grande Arche en un claro guiño a su vecino. El ambiente allí me gusto especialmente. Era como ver una ciudad del futuro. Inquietante y precioso a la vez.
Como nos quedaban fuerzas, pasamos la tarde en el barrio de Monmartre. Visitamos el Moulin Rouge (desde fuera, pillines) y subimos (a pata) las escaleras que llevan hasta la colina donde se asienta el Sagrado Corazón. Desde allí se puede contemplar una vista panorámica de la ciudad a pesar de la poca altitud de la colina. Es la suerte de que París se asiente sobre una extensa llanura.
Tras reponer fuerzas, el día siguiente lo dedicamos a visitar el centro histórico de París: la Ille de la Cité. La Ille de la Cité es una de las dos islas que tiene el Sena a su paso por París, y alberga alguno de los edificios más emblemáticos como el Palacio de Justicia y la maravillosa catedral de Notre Dame, una joya gótica del siglo XII. Justo delante de la catedral está el kilómetro 0. Desde este punto se miden todas las distancias relativas a París, y con ellas las de toda Francia. Se dice que si pisas ahí es que volverás a la ciudad. Ya veremos. Aprovechando la cercanía se puede visitar también el Ayuntamiento y el centro de arte Pompidou. Por la tarde una visita que me encantó fue la del Pantheon. Allí están enterrados los Grandes de Francia como Rousseau y Voltaire, así como dos personajes de la Ciencia tan importantes como Marie y Pierre Curie. Además, en el edificio se puede contemplar un péndulo de Foucault. No obstante, fue allí donde el científico demostró publicamente su experimento sobre la rotación de la Tierra. Pero lo mejor del día estaba por venir. Primero un relajante descanso en la “pelouse” del Palacio de Luxemburgo, una visita al enclave de la malograda Bastilla y, finalmente la atracción estrella de París: la Torre Eiffel. Sencillamente espectacular. Sencillamente impresionante. Una obra de ingeniería colosal y magnífica. Levantada para la exposición universal de 1889 a punto estuvieron de desmontarla. Pero al parecer no había “cojones” una vez montada (perdón por la expresión) y ahí se quedó. Por suerte. Nuestra visita a la torre duró 3 horas desde que nos pusimos a la cola hasta que bajamos, y en todo ese rato yo no paraba de preguntarme cómo. De verdad increíble. Tuvimos la suerte de ir por la tarde, así que vimos vistas de París de día y sobre todo de noche. Os recomiendo esa hora. Para subir existen 3 ascensores. Uno hasta el primer piso y otros dos hasta el segundo y tercero. La sensación de altura es increíble pero no así tanto la sensación de vértigo. Supongo que tener tanta gente alrededor le quita hierro al asunto. Desde luego es una visita obligada. Este apasionante día terminó con un paseo precioso a lo largo del Sena.
El tercer y último día completo, ya cansados de los dos anteriores, fueron más tranquilos. Recorrimos Les Invalides, un antiguo hospital para heridos de guerra en tiempo de Napoleón, reconvertido a Museo de la Armada Francesa. Se puede encontrar armamento y reliquias desde el siglo XIII (con unas armaduras increíbles) hasta la Primera y Segunda Guerra Mundial. Y claro, justo detrás de este edificio se encuentra la tumba de el artífice de que Francia sea hoy lo que es. El cuerpo de Napoleón se encuentra, según dicen, dentro de un impresionante arcón de piedra roja bajo la cúpula del Palacio de Les Invalides. Y a su ladito su hermano Pepe Botella, que nos hizo la puñeta bien hecha. El día acabó con una visita en falso al Museo Orsay (cerrado los lunes), los almacenes La Fayette (que no tienen nada que ver en verdad) y un atardecer en la plaza de la pirámide del Louvre. Una cena en Monmartre fue el colofón a 3 días de fuerte actividad.
El cuarto día sólo teníamos la mañana disponible, así que aprovechamos para visitar el Cementario de Pere Lachaise, donde se encuentran enterrado grandes personajes. De entre todos destaco al gran rey lagarto Jim Morrison y al escritor Oscar Wilde que tiene un curiosa monumento en su tumba que está lleno de marcas de carmín de mujeres (eso espero) que la besan.
Y para casita después de 4 días agotadores. Nos vamos con la sensación de haber estado en una ciudad magnífica y con las ganas de volver ya que nos quedaron cosas que ver finalmente como el Palacio de Versalles y el Museo Orsay. Todo se andará
. Si sois curiosos podéis echarle un vistazo a nuestras mejores fotos de París en flickr.
Chau





September 10, 2007 - 10:23 am
Pues si q vimos cosas, sí, mon amour
September 10, 2007 - 10:24 am
Pues si que vimos cosas, sí, mon amour
September 10, 2007 - 12:03 pm
¡Dios Santo, menudo retorno! Otro día me lo leo con calma: vengo de entregar el proyecto, esta tarde tengo un examen y por la noche me voy a una barbacoa a Archena. Llevo un mesecito de reventarme los cojones, no soy persona. Estoy quemadísimo, evaluando la posibilidad de darle boleto a la informática y volverme ermitaño o guionista (las dos cosas vienen a ser lo mismo).
September 10, 2007 - 1:06 pm
http://www.fotolog.com/alvarokesher/31362510
February 7, 2008 - 10:30 pm
pues, vaya viajecito, a ver si pepe y yo os seguimos un poco y lo repetimos el próximo finde. espero que disfrutemos de parís tanto como la parejita H y D.
Besos,
Isa
February 8, 2008 - 7:12 pm
Bueno, sólo un consejo: zapatos cómodos y a patear!!!!