Esto se va a acabar. Y el problema no es saber cuándo, sino por qué. ¿El cambio climático?. ¿La economía?. ¿Una nueva Guerra Mundial?. O ¿quizás todo a la vez?.

Ayer asistí a una conferencia impartida por Francisco J. Ynduráin Muñoz, Catedrático de Física Teórica de la Universidad Autónoma de Madrid y Académico Numerario de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, entre otros méritos. La conferencia se titulaba “El problema de la energía: ¿podemos prescindir de la energía nuclear?.“, y resumiendo mucho mucho mucho la respuesta a esta pregunta es que NO. Aunque tampoco es la solución.

Comenzó el Sr. Ynduráin su charla hablándonos de las archiconocidas energías renovables: eólica, solar, biomasa, corrientes oceánicas… y con un lenguaje bastante sencillo razonó el por qué este tipo de energías no pueden reemplazar a las tradicionales. El problema básico es que no garantizan un suministro constante. Y esto, en temas de energía, es de las cosas más importantes. Porque, puñetero día el que no haya viento o esté nublado, porque ese día el mundo se para. Y eso no es aceptable, por lo que, y tal y como pasa en la actualidad, cuando se realiza el montaje de un parque eólico o solar, debe construirse asimismo una central “tradicional” de la misma capacidad que la anterior para evitar una posible caída de la red en caso de algo tan común como un día sin sol, lo que nos lleva a una ineficiencia de las energías renovables.

Y luego venía el tema estrella: ¿es la energía nuclear la solución?. No, pero aliviará el problema. Se estima que la cantidad de recursos fósiles que hay en la actualizad en la Tierra, nos permitirían, con el actual ritmo de crecimiento, “aguantar” durante unos 20 o 30 años más. Si entra en juego el U235 (el uranio utilizable en las centrales nucleares) podríamos alargar esta crísis unos 20 años más, y convirtiendo otros isótopos como el U238 en plutonio (también utilizable en las centrales) se dice que podríamos tener suficiente para dentro de 100 años. Pero ¿a qué coste?. Porque aunque queden 20 años de carbón y petróleo, todos observamos como su precio es más y más alto cada vez, y llegará un momento en el que su precio sea tal que no podremos pagarlo, aunque queden reservas. Por lo tanto, las previsiones hay que acompañarlas siempre mirando a su coste de mercado.

Sin embargo, para mí lo más interesante de la charla estuvo en el trasfondo político que la gestión de la energía conlleva. Y lo que quedó muy claro es que nuestro sistema socio-económico no es plausible a largo plazo. Nuestra forma de vida es en alguna forma autodestructiva, y nos lleva al agotamiento de recursos materiales limitados que obtenemos de nuestro entorno. Cada vez necesitamos más energía para realizar las mismas cosas y un dato preocupante: cada vez somos más.

En esto difiero con el señor Ynduráin, que vino a decir que uno de los grandes problemas mundiales es el de la superpoblación en zonas como África, China o India, que están llevando a estas zonas a un crecimiento anual del 10% (ojo que este crecimiento es exponencial). Y es que el problema no es tan simple como decir que India desde su independecia, ha pasado de 300 millones de habitantes a los 800 millones actuales por la mala gestión en el control de la natalidad. Y es que, queda patente que hayá por donde fuimos los europeos en plan colonizador es donde más problemas encontramos. Por lo tanto, asumamos nuestra culpa y no señalemos con el dedo.

Pero de lo que realmente me dí cuenta, es de que, en efecto, no hay energía para todos. O no la hay si nosotros (mundo civilizado) pretendemos continuar viviendo de la forma en la que lo hacemos. Porque para mantener nuestra forma de vida nunca levantaremos el yugo exclavizador que tenemos sobre África, Sudamérica y Asia. Porque nuestro desarrollo actual no es, ni se le parece, a un desarrollo sostenible. Y me preocupa darme cuenta que al final resulta ser verdad que tenemos suerte de haber nacido donde hemos nacido y tener un papelito que dice que somos españoles.

Chau